Domingo, 10 de junio de 2001 - Número 295HISTORIA | ESPAÑA, POTENCIA NUCLEARLa bomba atómica que Franco soñó
DURANTE 20 AÑOS España tuvo la capacidad técnica de fabricar un arma nuclear gracias a los planes secretos que el dictador impulsó a espaldas de Estados UnidosJUAN C. DE LA CAL / VICENTE GARRIDO
EL PRIMER JUGUETE. El 27 de diciembre del año 1958, Franco y el almirante Luis Carrero Blanco, a la derecha del dictador, inauguraron el Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón en la Ciudad Universitaria de Madrid. En la imagen, Franco observa atentamente la estructura del primer reactor instalado en territorio español con capacidad para reprocesar uranio.
Fue uno de los sueños secretos de Franco. Durante dos décadas, más allá incluso de la muerte del dictador, nuestro país estuvo coqueteando con el arma más mortífera creada por el ser humano: la bomba atómica. Hoy, cuando se cumple el medio siglo de la creación de la Junta de Energía Nuclear (JEN) y 100 años del descubrimiento de la radiactividad, sorprende lo cerca que estuvo España de ser una potencia nuclear.
En 1963, el entonces director de la JEN, el ingeniero y almirante de la Armada José María Otero Navascués, encargó un estudio sobre las posibilidades reales que tenía nuestro país de construir una bomba atómica sin alertar a la comunidad internacional. Esta responsabilidad recayó en el catedrático de Física Nuclear y general de Aviación, Guillermo Velarde. Los primeros resultados fueron un fiasco. Los especialistas del JEN (todos militares) se manifestaron incapaces para saber los detalles técnicos para la fabricación del artefacto y, sobre todo, cómo obtener el plutonio necesario.
Tres años después, sin embargo, el accidente de un avión norteamericano en la localidad almeriense de Palomares al perder sobre territorio español cuatro bombas de hidrógeno, supuso un nuevo impulso al proyecto. Los técnicos españoles, encabezados por Velarde, encontraron en la zona restos de la bomba y de los detonadores que les permitieron resolver las muchas dudas que albergaban.
En el universo geopolítico de la época, poseer la capacidad técnica para fabricar la bomba, significaba detentar un estatus especial.Y Franco lo sabía. Con espinas clavadas como el mantenimiento de la posesión británica de Gibraltar o el eterno "fantasma" que suponían las aspiraciones marroquíes por recuperar las plazas de Ceuta y Melilla, los sucesivos gobiernos se negaron a firmar el Tratado de Proliferación Nuclear (TNP) que obliga a los países signatarios a renunciar indefinidamente a las aplicaciones militares de la energía nuclear.
El primer documento oficial donde se reconoce la capacidad española para fabricar la bomba atómica data de 1967, y se trata de una circular interna del Ministerio de Asuntos Exteriores a varias de sus embajadas en el extranjero.
Al año siguiente, se instala en la sede de la JEN, en la Ciudad Universitaria de Madrid, el primer reactor rápido nuclear español, el Coral-1, con capacidad para trabajar con plutonio de grado militar. Estos reactores rápidos funcionan con este material o con uranio enriquecido al 90% (U-235) y los residuos siguen conteniendo casi tanto combustible como el que queman. Los primeros gramos de plutonio, los únicos en el mundo que no fueron fiscalizados por la OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica, encargada de velar por la no proliferación), vieron la luz 12 meses más tarde, en 1969, en el más absoluto de los secretos. El sueño español ya era una realidad.
Ya en la década de los 70, la carrera española en busca de «la madre de todas las bombas» se disparó definitivamente. En 1971, el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), elaboró un informe confidencial en el que señalaba en sus conclusiones que «España podía poner en marcha con éxito la opción nuclear militar». Según este estudio, nuestro país podía dotarse rápidamente su propio armamento nuclear utilizando las instalaciones de las que ya disponía. Se subraya la importancia de la central de Vandellós como fuente de plutonio militar. Por último, el estudio indicaba la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear en el desierto del Sáhara, con un coste aproximado de 8.700 millones de pesetas de entonces.
La obtención del plutonio suficiente para construir la bomba (6 kilos), en un país cuyo subsuelo contenía las segundas reservas de uranio natural de Europa, ya no era una utopía. Se daba la particularidad de que la central de Vandellós I, la misma que sufrió un accidente en 1989, era de tecnología francesa y utilizaba uranio natural. Además, sus residuos eran ideales para ser reprocesados y obtener más combustible. En aquella época Francia, como potencia atómica, no permitía a la OIEA inspeccionar sus instalaciones nucleares. La central se inauguró después de un acuerdo de colaboración firmado entre Carrero Blanco y su admirado general De Gaulle.José María de Areilza, entonces embajador español en París, fue el encargado de negociar los términos de la cesión del uso de la central a espaldas siempre del amigo americano.
Pocos días antes de ser asesinado, Carrero Blanco mantuvo una entrevista con el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, sobre este tema. El almirante siempre mimó este proyecto obteniendo recursos económicos de los que no disponía. Según algunos informes confidenciales desclasificados por el Servicio de Inteligencia Militar de EEUU, España estaba almacenando plutonio para fabricar una bomba nuclear, desviándolo de los controles de la OIEA. Se dice que así se lo manifestó Carrero a Kissinger.El secretario de Estado, aunque no consiguió que España firmase su adhesión al TNP, sí se llevó clara una idea: la confirmación de la voluntad nuclear con fines militares de Franco hacía necesario un «estrecho control» sobre estas actividades .
Pero los que creían que la muerte del dictador iba a suponer un cambio significativo de la postura pronuclear española se equivocaron. Las presiones norteamericanas, ya con James Carter como presidente para que España firmara el TNP continuaron.Sin embargo, en 1976, el ministro de Asuntos Exteriores hispano, José María de Areilza, volvió a reconocer que nuestro país estaría en condiciones de fabricar la bomba «en siete u ocho años si nos pusiéramos a ello. No queremos ser los últimos en la lista».
Las dudas se hicieron mucho más intensas cuando en 1977 se conoció públicamente el alcance tecnológico de las instalaciones nucleares previstas para el llamado Centro de Investigación Nuclear de Soria (CINSO), en la localidad de Cuba de la Solana. «El proyecto se aprobó 45 días después de la muerte de Franco en un Consejo de Ministros presidido por Arias Navarro. Los investigadores norteamericanos se asustaron al averiguar que en la planta piloto ideada para convertir el uranio en plutonio se podían hacer 140 kilos al año. El entonces ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, fue uno de los grandes impulsores de este plan gracias a las simpatías que gozaba por parte de altos mandos militares formados desde los años 50 para este fin», asegura Ladislao Martínez, portavoz de Ecologistas en Acción.
Pero Jimmy Carter no estaba dispuesto a que un nuevo país se sumara a la carrera armamentística que él trataba de frenar.Por eso, en sus cuatro años de mandato (1976-1980) emprendió una auténtica campaña contra los estados que no habían suscrito el TNP. Además, Estados Unidos estaba obsesionado con que la OIEA inspeccionara las instalaciones sospechosas españolas: en caso de impedir esta inspección, EEUU congelaría las exportaciones de uranio enriquecido a nuestro país, lo que supondría el parón industrial de las centrales nucleares civiles que ya funcionaban.
Finalmente, el 1 de abril de 1981, España acabó aceptando las condiciones impuestas por los norteamericanos y firmó un acuerdo de salvaguardias con la OIEA para someter estas instalaciones a verificación constante. Curiosamente, esta decisión fue adoptada el 23 de febrero anterior, el mismo día de la intentona golpista del teniente coronel Tejero. Esta decisión supuso la última oportunidad española por dotarse con armamento nuclear propio. La firma del TNP en 1987 por parte del Gobierno de Felipe González, se considera algo ya puramente simbólico. España había dejado de jugar a la bomba atómica en un mundo donde de lo que se hablaba ya era de la Guerra de las Galaxias...
Vicente Garrido es profesor de Derecho Internacional y autor de un libro de inmediata aparición sobre la carrera atómica española.La bomba atómica española
Publicado por Redacción de revistas multiblog en 3:31Ciudad de Hiroshima, seis de agosto de 1945.El Imperio japonés no termina de rendirse ante la invasión norteamericana de su territorio. La guerra parece que no vaya a terminar jamás. Pero lo cierto es que era cuestión de tiempo. Sin embargo, el presidente Truman no está dispuesto a permitir que sigan muriendo soldados de los Estados Unidos en el Océano Pacífico a donde se ha reducido la guerra puesto que desde hacía tres meses se había acabado en Europa.60 millones de personas habían muerto ya en los distintos escenarios bélicos. Truman encargó un estudio a la Secretaría de la Guerra de los Estados Unidos que estimó todavía un número de 1.400.000 bajas entre los efectivos norteamericanos si continuaban con la invasión de Japón. La sangría debía acabar cuanto antes y el presidente tenía el arma definitiva que lo conseguiría.Desde 1939, Einstein había estado trabajando en un experimento ultrasecreto conocido como “Proyecto Manhattan” para la construcción de una bomba atómica y el uso posterior de la energía nuclear para distintos fines, especialmente para la gradual sustitución del petróleo por la energía atómica.En 1941, Pearl Harbor es atacado por la aviación japonesa por lo que los Estados Unidos entran oficialmente en la Segunda Guerra Mundial dando prioridad al proyecto atómico al que se unen Canadá y Gran Bretaña, País este último que había sido muy castigado por la aviación alemana en la Batalla de Inglaterra con casi 30.000 víctimas mortales, la mayoría civiles.En 1945, después de cuatro años en guerra y habiendo muerto recientemente Roossevelt, el presidente Truman tenía muy claro que no podía seguir permitiendo la muerte de más soldados norteamericanos pues ya habían caído más de 400.000 y la opinión pública de su País se cuestionaba muy seriamente si era necesaria una sangría así y por lo tanto si valía la pena una invasión de Japón que elevara el número de víctimas a tres veces más de las ya sufridas puesto que entrar en Japón no era como combatir en las otras Islas del Pacífico o en el continente asiático. Los japoneses habían demostrado que sabían luchar y además que no se rendirían: preferían morir por su emperador y su País antes que rendirse y eso les costaría muy caro a los norteamericanos que además se veían solos. Ninguna potencia se encontraba en condiciones como para proseguir la guerra en Japón, salvo tal vez los rusos pero eran comunistas y no hubiera sido bien visto aliarse con ellos en tan laboriosa empresa, máxime cuando ya se había iniciado la Guerra Fría y se pugnaba por adquirir la mayor influencia posible en Europa y Asia frente a la Unión Soviética.El ejército rojo era realmente poderoso lo que asombró a los norteamericanos y a los británicos, ni que decir tiene que también a los alemanes. Era increíble como se habían rehecho de las pérdidas ocasionadas en la guerra contra Alemania. Ahora, en 1945, el Mundo se repartía entre las dos nuevas superpotencias: la República de los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.Era el momento de Truman y del proyecto Manhattan. Algunos autores e historiadores creen que los científicos alemanes colaboraron muy activamente para dar al proyecto el empujón último que necesitaba, el caso es que en agosto de 1945, Truman solicita formalmente a Japón su rendición incondicional. Para entonces Japón había sido tan bombardeado que prácticamente estaba destruido por completo por lo que el emperador y sus generales casi suplicaron a Rusia y Suecia que mediaran ante los Estados Unidos para un fin dialogado de la guerra. Pero la suerte para Japón estaba echada.Había que demostrarle al nuevo gigante asiático, la Unión Soviética, quienes mandaban realmente en el Mundo: Truman, a pesar de la Conferencia de Postdam en la que se le exigía al Imperio nipón que entregara a los responsables políticos que ordenaron la entrada en la guerra, la entrega igualmente de sus colonias a los Estados Unidos y la ocupación de su territorio por parte de la superpotencia para la construcción de numerosas bases militares desde las que vigilar a los soviéticos en el Pacífico, a pesar de que los japoneses accedieron en principio pero pidieron tiempo para consultarlo con sus asesores, solo eso, aún así, sin esperar a la respuesta definitiva del emperador japonés, Truman ordenó el lanzamiento de una de las dos bombas atómicas de las que disponían entonces, aconsejado por el primer ministro británico Attlee.El efecto destructor fue tan impactante, la ciudad de Hiroshima quedó completamente destruida, que el Mundo entero, al enterarse del suceso, sobre todo, después de comprobar como tres días después estallaba otra bomba aún peor en Nagasaki, todas las naciones del Mundo, incluida la Unión Soviéticase dieron cuenta de quienes mandaban verdaderamente pero también de lo importante que era desarrollar la energía atómica desde ese preciso instante y la dictadura franquista no iba a ser menos.España se encontraba en una posguerra muy cruda pero ya desde los inicios de la contienda mundial los militares y científicos españoles habían entrado en contacto con alemanes y de otros Países avanzados para conocer los últimos adelantos en investigación nuclear.Después de Hiroshima y Nagasaki, el Gobierno de Franco se percató de lo importante que era desarrollar sus conocimientos en la materia. Tenían la base y ahora había que obtener recursos.España es el segundo País europeo con mayores reservas de uranio pero el problema estaba en su enriquecimiento. Una bomba atómica tiene su base de uranio enriquecida en un 90 % y la central más importante para ello se encuentra en Francia por lo que en los años 60 el general De Gaulle propuso a España colaborar en un programa nuclear conjunto para no depender de los Estados Unidos a los que ya se había supeditado Gran Bretaña. Por aquel entonces, Francia y España tenían los ojos puestos en el norte de África y la amistad que parecía nacer entre los Países del Magreb y la Unión Soviética lo que unido al temor de una guerra nuclear entre las dos grandes superpotencias mundiales obligaba a Europa a buscar una alianza con una u otra u optar por la solución francesa de edificar una defensa propia.Ya en 1955, una comisión de los Estados Unidos que visitó España reconocía que nuestro País era el quinto del Mundo con mayores conocimientos en materia nuclear y además poseía una reserva importante de uranio.Los principales impulsores del proyecto nuclear español fueron el almirante Carrero Blanco, ministro de la presidencia de España por aquel entonces que encargó desde 1951 que se le diera máxima prioridad al desarrollo de la investigación atómica creándose la Junta de la Energía Nuclear a la que puso al frente al almirante Otero Navascués, precisamente el año que Carrero Blanco alcanzaba su ministerio que ocuparía durante 16 años hasta su nombramiento como vicepresidente del Gobierno. Durante los años 50 y 60, España construyó cuatro reactores de investigación obteniendo dinero por distintas vías, algunas bastante oscuras y con ciertas cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales. Debemos tener en cuenta que los Estados Unidos controlaban muy de cerca el tráfico de uranio y plutonio, la extracción, fabricación o enriquecimiento de los mismos o la investigación nuclear por el temor a la aparición de otras potencias nucleares que les restara a ellos influencia en la escena internacional o una posible alianza con los soviéticos y por la misma razón pero viceversa los rusos controlaban a los Países del Pacto de Varsovia y aliados.José María de Areilza era el embajador español en Francia en los años 60 y fue a él a quién De Gaulle le propuso la instalación de una central nuclear que produjera plutonio en España. Vandellós fue la central escogida aunque era algo anticuada pero en una cuarta parte propiedad de la empresa francesa EDF y si se reducía su rendimiento comercial a una quinta parte de su potencial, el plutonio 239 que podía obtenerse sería excepcional una vez separado en una pequeña planta de procesamiento y más teniendo en cuenta que era la única central española que los norteamericanos no controlaban debido a la intervención francesa que se comprometía a utilizar la central con fines pacíficos y de investigación universitaria y por supuesto el Gobierno español aseguraba que solo se producía energía eléctrica, si bien tanto España como Francia se habían negado a firmar el TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear).Con Carrero Blanco como vicepresidente se impulsa la investigación nuclear en España y se construye la planta de procesamiento que se necesitaba para separar el plutonio necesario para la construcción de bombas atómicas. Todo estaba preparado por lo que el Centro Superior de Estudios de la DefensaNacional comienza a publicar, en 1971, investigaciones sobre el uso militar de la energía nuclear aunque para información solo de altos mandos militares y las principales figuras políticas del Régimen.Se recomienda en esos informes la construcción de otra planta de procesamiento enteramente española para evitar algún tipo de condicionamiento francés y el Sáhara Occidental como campo de experimentación como anteriormente había hecho Francia cuando aún era dueña de Argelia (después marcharía al Pacífico a realizar allí sus pruebas nucleares que tantas repulsas internacionales han motivado).El coste de la puesta en marcha de la primera bomba atómica española se calcula que hubiera costado 8.700 millones de pesetas de la época.El secretario de Estado norteamericano Kissinger visita España y se entrevista con Carrero Blanco, siendo éste ya presidente del Gobierno de España y posible sucesor de Franco al frente del Régimen. Kissinger intenta convencer a Carrero para que desista de continuar con las investigaciones nucleares pero el presidente del Gobierno español se niega, consciente de que hacerlo supondría no estar en el club de las potencias militares del momento (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y la Unión Soviética) lo que le restaría mucha influencia en la escena internacional y para Franco era imprescindible ya que así conseguían mantener a Marruecos atemorizado y a Gran Bretaña respetuosa (el Régimen franquista llevaba muy mal la espina de la colonia británica de Gibraltar).Pocos días después Carrero Blanco muere asesinado en un atentado de ETA. Se ha escrito mucho al respecto, sobre todo como una banda como aquella, que aún no despuntaba demasiado, pudo acabar con la vida del presidente del Gobierno, estimándose que debió recibir ayuda exterior si bien otros autores aseguran que Carrero Blanco era un objetivo fácil ya que no llevaba prácticamente escolta y sus itinerarios eran conocidos por su entorno; se trataba de un hombre religioso que acudía a misa regularmente. Lo curioso de esta historia, de la que nos ocuparemos en otra ocasión, es que el supuesto jefe del comando etarra que asesinó a Carrero Blanco moriría en un atentado cinco años después del mismo modo, su vehículo estalló por los aires pero aún más curioso es que pudiera ser quién conoció a la persona que financió el atentado a Carrero. ¿Le eliminaron porque era el único que sabía los detalles en torno al asesinato del almirante?Como aún sigue siendo un misterio, continuemos con el programa nuclear español, el cual después de la muerte de Carrero sufrió una demora que no supondría el abandono del proyecto ya que en 1976, el ministro español de asuntos exteriores, Areilza, le aseguró al presidente norteamericano Carter que continuarían con su programa incluso muerto ya Franco porque era un derecho que tenían para poder estar en ese selecto club de potencias mundiales al que España, por su Historia, no podía renunciar. El nuevo impulsor del programa atómico español, el general Rodríguez Sahagún, ministro de Defensa, sabe que es cuestión de pocos años que España sea una potencia nuclear puesto que ya podían conseguir 140 kilogramos de plutonio al año. Para la fabricación de una bomba atómica se requerían seis kilogramos de plutonio por lo que España, con la adecuada tecnología, en 1980, de haber continuado su programa, salvado el coste que suponía, hubiera podido poseer un arsenal de al menos 60 bombas nucleares.La revolución iraní de 1979 originó una grave crisis energética mundial por lo que el petróleo escaseaba y se racionaba la gasolina, razón de más para que España continuara con su proyecto nuclear con la excusa de que únicamente pretendía potenciar el uso de la energía atómica como alternativa al petróleo (que en cierto modo, también fue así). Digamos que en la segunda mitad de los 70 ocurrió con España lo mismo que con Países actuales como Irán o Corea del Norte a los que se presiona para que abandonen sus respectivos proyectos atómicos.La crisis se agravó y España se hacía cada vez más dependiente de sus aliados, especialmente de los Estados Unidos, cuyo presidente, Jimmy Carter, amenazó con boicotear a España si no abandonaba definitivamente su intención de construir bombas atómicas.La situación en el País, con una transición política en marcha, el riesgo siempre activo de un alzamiento militar, la economía muy deteriorada, un Gobierno débil y el terrorismo asesinando como nunca antes lo había hecho y sin cesar (antes de la democracia ETA solo había asesinado a 45 personas pero entre la muerte de Franco y el golpe de Estado de 1981 hubo 281 atentados mortales, solo de ETA), obligaron al Gobierno español a ceder ante los Estados Unidos y permitir, desde abril de 1981, al Organismo Internacional dela Energía Atómica que inspeccionara las centrales nucleares españolas, pero incluso el primer Gobierno socialista no quiso renunciar de primeras al programa nuclear por lo que accedió solo a que fuera el Organismo atómico europeo “Euratom” el que inspeccionara el programa español.Leopoldo Calvo Sotelo, en su intervención en el Congreso de los Diputados el cinco de febrero de 1986, citó un fragmento de un documento titulado “La seguridad en Europa”, redactado por el Partido Socialista francés en el que se planteaba la existencia de una tercera potencia nuclear europea para que Europa Occidental pudiera defenderse por su cuenta sin tener que recurrir a Estados Unidos para todo. La idea era poder independizarse de la tutela norteamericana. Sin embargo, el Ministro de Defensa, Narcís serra, ya anunciaba que en breve se firmaría el Tratado de No Proliferación Nuclear para de ese modo recibir a cambio las tan necesitadas ayudas norteamericanas y por supuesto el ingreso de España en la Unión Europea, lo que ocurriría poco después.La CIA, como ocurre con el resto de Servicios Secretos del Mundo libre, desclasifica sus archivos e informes pasado cierto tiempo y siempre y cuando su conocimiento ya no suponga una amenaza para la estabilidad internacional. Uno de esos informes habla del programa nuclear español en 1974. Dicho informe fue desclasificado a petición del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad “George Washington”.El informe dice lo siguiente:"España tiene moderadas reservas propias de uranio (…) España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación de armas nucleares en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otros diecisiete más en proyecto) y una planta piloto para enriquecimiento de uranio (…) pero aún necesitan diez años para desarrollar su programa nuclear aunque España, Irán, Egipto, Pakistán, Brasil o Corea del Sur podrían detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo, quizás considerablemente antes adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera. Cada uno de estos países es objeto de diferentes motivaciones y presiones (…) en el caso de España el Gobierno de Francisco Franco no ha firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares suscrito por 19 países (…) porque los compromisos que adquirían los países no nucleares eran inadecuados y obligaban a inspecciones periódicas, las cuales ponían al descubierto sus programas de cara a sus competidores. De cualquier forma, España tiene un acuerdo militar bilateral con EE UU que los dirigentes españoles ven como una oferta de mayor seguridad que su independiente capacidad nuclear (…) sólo una improbable combinación de circunstancias derivadas de la localización de España respecto a Gibraltar, Portugal y Norte de África, junto con la pérdida de los lazos de seguridad con EE UU y la OTAN y quizás un Gobierno post-Franco inseguro de sí mismo pudieran convertirse en una razón para que España desarrolle una capacidad nuclear".En el mes de enero de este año 2008, Donato Fuejo, uno de los primeros directivos del Consejo de Seguridad Nuclear respalda el informe de la CIAdiciendo que: "Todo lo que dice ese documento es cierto. En España no hay informes sobre esos proyectos porque eran del máximo secreto, los controlaban los militares, pero algo supimos y sospechamos. Empujado por sus ansias de grandeza, el franquismo parecía obsesionado por el desarrollo nuclear. Encajaba bien en las pretensiones de aquel momento por muy descabellado que nos parezca ahora. Lo que cuenta la CIA fue ideado por Franco y sus hombres de confianza con la idea de que España se convirtiera en una gran potencia y colocar al país a la altura de Francia y Reino Unido. No me extraña que los norteamericanos vigilaran esos proyectos porque tenían buena información y, además, las primeras centrales españolas eran de fabricación norteamericana, concretamente de la empresa “Westinghouse" Aquellos planes estaban dirigidos a conseguir el enriquecimiento de uranio, pero de todo aquello sólo se llevó a cabo la construcción de las nueve centrales nucleares para producción eléctrica que heredó la democracia. En aquel momento, esos proyectos secretos eran una locura. No había riqueza ni medios tecnológicos para abordarlos. No me extraña que la CIA vigilara esos planes porque Franco y algunos de sus militares lo soñaban. No sé que habría pasado si sigue la dictadura. Cuando llegó la democracia, se hizo el parón nuclear y se creó el actual Consejo".En la actualidad en España hay nueve centrales nucleares (la polémica Vandellós cerró en 1989) y doce reactores de fusión siendo la tecnología española tan avanzada que en tan solo cinco años desarrollarían armas nucleares como las más modernas actuales si el Gobierno lo propusiera. Empresas españolas construyen reactores nucleares y turbinas de vapor en Estados Unidos y otros países y además España forma parte del consorcio nuclear EURODIF junto a Francia y Bélgica.Actualmente el 20 % de la energía consumida en España procede de las centrales nucleares y en Salamanca existe una fábrica de combustible nuclear así como un centro de almacenamiento de residuos en Cabril (Córdoba).Etiquetas: Proyectos secretos1 comentarios:
Un pequeño detalle, las centrales nucleares de España son de fisión, como las del resto del mundo. Las centrales nucleares por fusión de átomos son todavía una idea sobre la que se está trabajando e investigando pero no una realidad cotidiana.La tentación de la bomba atómica
Informes de la CIA conocidos ahora confirman la existencia del «proyecto nuclear español»
Enero 2008.- El Gobierno de Franco proyectó desarrollar armas nucleares para reforzar su posición internacional y convertirse en una potencia armamentística, según asegura un documento secreto de la CIA, la agencia de inteligencia de los EE UU, desclasificado el pasado lunes a petición del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de George Washington. El informe está fechado el 17 de mayo de 1974, después de que India hiciera diversas pruebas de material nuclear.
El documento secreto desclasificado asegura que el Gobierno de Franco tenía en proyecto y desarrollo un extenso y ambicioso plan nuclear que merecía la atención y vigilancia de EE UU. En ese plan se incluía una planta para enriquecimiento de uranio cuya construcción dependía de una combinación de circunstancias, incluyendo la política del Gobierno que sucediera a la muerte del dictador.El informe dice textualmente así: "España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación (de armas nucleares) en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otras 17 más en proyecto), y una planta piloto para enriquecimiento de uranio".La CIA aseguraba entonces que España, además de Irán, Egipto, Pakistán, Brasil y Corea del Sur necesitaban "al menos una década para desarrollar su programa de armas nucleares".Y añadía: "Alguno de ellos podría detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo, quizás considerablemente antes adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera. Cada uno de estos países es objeto de diferentes motivaciones y presiones".El informe de la CIA, de 50 páginas y con el membrete de "Top secret" (alto secreto), destaca a continuación que en el caso de España el Gobierno de Francisco Franco no había firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares suscrito por 19 países.Los analistas de la CIA señalaron que España se había negado a suscribirlo porque los compromisos que adquirían los países no nucleares "eran inadecuados y obligaban a inspecciones periódicas, las cuales ponían al descubierto sus programas de cara a sus competidores". "De cualquier forma, España tiene un acuerdo militar bilateral con EE UU que los dirigentes españoles ven como una oferta de mayor seguridad que su independiente capacidad nuclear".Y añade sus dudas sobre el futuro: "Sólo una improbable combinación de circunstancias derivadas de la localización de España respecto a Gibraltar, Portugal y Norte de África, junto con la pérdida de los lazos de seguridad con EE UU y la NATO y quizás un Gobierno post-Franco inseguro de sí mismo pudieran convertirse en una razón para que España desarrolle una capacidad nuclear".Los primeros pasos
El sueño inconfesable de una bomba atómica nacional surgió casi al día siguiente del ataque sobre Hiroshima y Nagasaki. A la sombra de dos militares - Luis Carrero Blanco y el jefe del Estado Mayor, general Juan Vigón- se lanzó un programa para poder obtener y dominar esa tecnología.El alma de las investigaciones fue un ingeniero de la Armada, José María Otero Navascués, que había obtenido gran prestigio científico a principios de los cuarenta gracias a sus trabajos sobre la miopía nocturna. Fue un auténtico pionero. La energía nuclear estaba considerada en todo el mundo como alto secreto militar y el régimen español se encontraba más aislado que nunca. Otero consiguió establecer contactos con científicos extranjeros para que le mantuvieran al día en los conocimientos básicos y teóricos de la física nuclear.Gracias al trabajo de aquel grupo de personas, cuando el presidente Eisenhower lanzó, en 1955, el programa Átomos para la paz , España poseía ya unos conocimientos teóricos "razonables". "La prueba es que una comisión estadounidense que nos visitó en ese mismo año escribió, en un informe al Senado norteamericano, que España era el quinto país en cuanto a conocimientos sobre física nuclear", asegura un estrecho colaborador de Otero.
Átomos para la paz, que pretendía facilitar el uso pacífico de la energía nuclear, significó un paso de gigante. Merced a un crédito de 350.000 dólares, la Junta de Energía Nuclear pudo disponer en 1958 de su primer reactor de investigación. Funcionaba con pequeñas cantidades de uranio altamente enriquecido; es decir, uranio de doble uso (civil y militar).
La asombrosa progresión tecnológica que se produjo en la JEN en los años inmediatamente posteriores sólo es concebible por el decidido respaldo de Carrero. El almirante otorgó fondos cuantiosos y dio cobertura a pintorescas operaciones de tráfico de divisas. Determinados pagos de organismos internacionales se ingresaron en cuentas particulares en Suiza, pese a la acuciante necesidad de divisas que tenía el Gobierno, para facilitar la compra de aparatos e instrumental nuclear. La adquisición no podía hacerse en pesetas porque nuestra moneda no era convertible."Le estoy ofreciendo la fórmula para fabricar plutonio, con todo lo que ello significa". José María de Areilza recuerda cómo, siendo embajador de España en París, fue convocado por el Gobierno francés, a finales de 1963, para proponerle la adquisición de una central nuclear. Se trataba de una planta que no necesitaba enriquecer el uranio para su funcionamiento y cuyos residuos constituían un subproducto de inapreciable valor militar: el plutonio.El desarrollo de la tecnología nuclear fue tan elevado y las aspiraciones tan ambiciosas que en 1957 se elaboran en España los primeros proyectos para la instalación de Zorita y Garoña. Ese mismo año había empezado a funcionar la primera central civil norteamericana. La experiencia adquirida permitió además que la JEN construyera, con su propia tecnología, tres reactores de investigación (para sus propias instalaciones y para las universidades de Barcelona y Bilbao).España poseía en ese momento la mayoría de los conocimientos técnicos para construir armamento nuclear, pero no podía hacerlo. Le faltaba el combustible. El cedido por Estados Unidos estaba insuficientemente enriquecido y sometido a estrictos controles.El único elemento que nos faltaba para la producción de nuestras propias bombas atómicas quedaba así a nuestro alcance.España bajo sospecha
El ingente desarrollo en España de tecnología e instalaciones nucleares de doble uso, civil y militar, no pasó inadvertido entre las grandes potencias. La cómoda situación en la que se había desenvuelto España hasta entonces comenzó a cambiar en los años 1976-1980, con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Jimmy Carter.Un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) elaborado en octubre de 1974, pero conocido en febrero de 1977, afirmaba que un grupo de seis países, entre ellos España, podría disponer de su propio armamento atómico en siete o 10 años."Carter emprendió una auténtica campaña contra la proliferación nuclear y contra los países que no habían firmado el TNP", explica uno de los máximos responsables de la JEN. "La India había hecho estallar su bomba y las grandes potencias estaban muy preocupadas por la falta de controles en algunos países", prosigue.Estados Unidos reaccionó con una nueva ley que prohibía el reproceso de residuos radiactivos (método para obtener plutonio y uranio enriquecidos), cortando el camino a los reactores rápidos (que producen plutonio) y amenazando con restringir el suministro de uranio débilmente enriquecido para centrales eléctricas nucleares si todas las instalaciones atómicas del país receptor no estaban sometidas a control.En el caso español, la Administración norteamericana exigió el control de la OIEA sobre cinco instalaciones: Vandellós, el reactor rápido Coral, la planta de reprocesamiento de la JEN y los reactores de investigación de Bilbao y Barcelona. El tema era tan importante para EE UU que el propio presidente Carter lo planteó a Adolfo Suárez durante su primera visita a Washington.El primer Gobierno de la democracia decidió seguir negándose a firmar el TNP, pese a las presiones, y abrir negociaciones con los norteamericanos para encontrar otra salida. Suarez contaba además con que Westinghouse y General Electric, que tenían intereses en las centrales españolas, lucharían para evitar que se entorpeciera el suministro de combustible para las mismas. "Propusimos someter las cinco instalaciones mencionadas a la OIEA. La diferencia es muy importante, porque no nos comprometimos a nada en el futuro", asegura uno de los negociadores.La presión norteamericana (hubo ya algunos retrasos en el envío de uranio enriquecido a finales de 1980) se resolvió con la firma de un acuerdo, el 1 de abril de 1981, por el que se aceptaba el control en las condiciones mencionadas.El Gobierno de Franco proyectó desarrollar armas nucleares para reforzar su posición internacional y convertirse en una potencia armamentística, según asegura un documento secreto de la CIA, la agencia de inteligencia de los EE UU, desclasificado el pasado lunes a petición del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de George Washington. El informe está fechado el 17 de mayo de 1974, después de que India hiciera diversas pruebas de material nuclear.
"España tiene moderadas reservas propias de uranio", decía el documento secreto de 1974MÁS INFORMACIÓN
El documento secreto desclasificado asegura que el Gobierno de Franco tenía en proyecto y desarrollo un extenso y ambicioso plan nuclear que merecía la atención y vigilancia de EE UU. En ese plan se incluía una planta para enriquecimiento de uranio cuya construcción dependía de una combinación de circunstancias, incluyendo la política del Gobierno que sucediera a la muerte del dictador.
El informe dice textualmente así: "España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación (de armas nucleares) en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otras 17 más en proyecto), y una planta piloto para enriquecimiento de uranio". La CIA aseguraba entonces que España, además de Irán, Egipto, Pakistán, Brasil y Corea del Sur necesitaban "al menos una década para desarrollar su programa de armas nucleares".Y añadía: "Alguno de ellos podría detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo, quizás considerablemente antes adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera. Cada uno de estos países es objeto de diferentes motivaciones y presiones".El informe de la CIA, de 50 páginas y con el membrete de "Top secret" (alto secreto), destaca a continuación que en el caso de España el Gobierno de Francisco Franco no había firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares suscrito por 19 países.Los analistas de la CIA señalaron que España se había negado a suscribirlo porque los compromisos que adquirían los países no nucleares "eran inadecuados y obligaban a inspecciones periódicas, las cuales ponían al descubierto sus programas de cara a sus competidores". "De cualquier forma, España tiene un acuerdo militar bilateral con EE UU que los dirigentes españoles ven como una oferta de mayor seguridad que su independiente capacidad nuclear". Y añade sus dudas sobre el futuro: "Sólo una improbable combinación de circunstancias derivadas de la localización de España respecto a Gibraltar, Portugal y Norte de África, junto con la pérdida de los lazos de seguridad con EE UU y la NATO y quizás un Gobierno post-Franco inseguro de sí mismo pudieran convertirse en una razón para que España desarrolle una capacidad nuclear".El Gobierno de Franco trató de construir armas nucleares para reforzar su posición internacional. Un documento de la CIA desclasificado el pasado lunes confirma las intenciones del dictador de desarrollar un ambicioso plan nuclear.
El informe es de mayo de 1974 y describe un programa nuclear comparable con el que ahora trata de desarrollar Irán con una notable diferencia. Franco no había firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, es decir, sus planes estaban al margen de las inspecciones de la ONU.El texto de la agencia estadounidense confirma que España tenía por entonces reservas propias de uranio, un extenso programa de desarrollo nuclear -que incluía 27 reactores- y una planta para el enriquecimiento de Uranio.Por todo ello, sentencia que éramos uno de los países merecedores de atención como potencial fabricante de armas nucleares. Fue el Gobierno de Felipe González el que desmanteló el plan cuya sede principal era la finca toledana de "Quintos de Mora" en propiedad del Estado.Al parecer, el Gobierno del general Franco proyectó desarrollar armas nucleares para reforzar su posición internacional y convertirse en potencia armamentística, según este documento.El informeEl diario EL PAIS ha publicado en su edición de hoy partes íntegras del informe, en el que se dice textualmente: "España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación (de armas nucleares) en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otras 17 más en proyecto), y una planta piloto para enriquecimiento de uranio". España, además de Irán, Egipto, Pakistán, Brasil y Corea del Sur necesitaban "al menos una década para desarrollar su programa de armas nucleares".El documento añadía: "Alguno de ellos podría detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo, quizás considerablemente antes adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera. Cada uno de estos países es objeto de diferentes motivaciones y presiones".
Viva España!!!
viernes, 30 de enero de 2015
Recopilación de datos sobre posibles planes nucleares españoles heredaros de la época franquista
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